
Oración de la Mañana
14 de marzo
Transfiguración del Señor – Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria; hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: – Maestro, ¡qué hermoso es estar aquí! Haremos tres chozas: una para tí, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: – Este es mi Hijo, el escogido; escuchadle. Cuado sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
Explicación
Cuando en la vida nos vengan momentos difíciles, que nos parezcan insuperables y que terminan con nosotros, no olvidemos que Jesús venció todo mal, incluso el de su muerte. Dios Padre le resucitó y le concedió toda la plenitud, toda la vida y toda la hermosura. Y Jesús quiso que, eso mismo, lo supieran sus amigos, quienes poco tiempo después le verían insultado, perseguido, apresado y condenado a morir, como si fuera un malhechor. Para que no se derrumbaran por la pena y el desánimo, les llevó al monte Tabor y ante ellos se transformó. Ese que vieron lleno de luz y pleno de blancura, es el que en la cruz parecía tener su destino último. No os desaniméis. Al final vence siempre la vida, el cariño, la verdad.