Oración de la Mañana
2 de diciembre
EL HIJO MÁS INTELIGENTE
Hace mucho tiempo existía un hombre que tenía tres hijos, a los que quería
mucho. No había nacido rico, pero con su sabiduría y con el trabajo duro había logrado ahorrar una buena cantidad de dinero y comprar una fértil finca. Cuando envejeció, comenzó a pensar en cómo dividir entre sus hijos lo que poseía.
Un día, estando ya muy viejo y achacoso, decidió hacer una prueba para deducir cuál de sus hijos era el más inteligente. Llamó a sus tres hijos a la cabecera de su cama. Dio a cada uno cinco monedas y les pidió que compraran algo para llenar su habitación, que estaba vacía y desnuda. Cada uno de los hijos tomó las monedas y salió a cumplir el deseo del padre.
El hijo mayor pensó que era una tarea fácil. Fue al mercado y compró un haz de paja, o sea, la primera cosa que se le puso delante. El segundo hijo, en cambio, reflexionó durante algunos minutos. Después de haber recorrido todo el mercado y de haber buscado en todos los puestos, compró unas plumas bellísimas.
El hijo más pequeño consideró el problema durante largo tiempo. Se preguntaba: «¿Qué puede haber que cueste sólo cinco monedas y que pueda llenar toda una habitación?». Sólo después de pasar muchas horas pensando y repensando, encontró algo que respondía a su caso. Fue a un pequeño comercio escondido en una callejuela lateral y; con sus cinco monedas, compró una vela y una cerilla. Mientras volvía a casa, se sentía feliz y se preguntaba qué habrían comprado sus hermanos.
Al día siguiente los tres hijos se reunieron en la habitación del padre. Cada uno trajo su regalo, el objeto que debía llenar toda la estancia. En primer lugar, el hijo mayor extendió su paja en el pavimento, pero la paja sólo llenó un pequeño rincón. El segundo hijo mostró sus plumas: eran muy bonitas, pero apenas llenaron dos rincones.
El padre quedó muy desilusionado de los dos hijos mayores.
Entonces el hijo menor se puso en medio de la habitación. Los otros, lo miraban llenos de curiosidad, preguntándose: «¿Qué puede haber comprado?». El muchacho encendió la vela con la cerilla, y la luz de aquella única llama se extendió por la estancia y la llenó. Todos sonrieron.
El viejo padre se sintió feliz con el regalo del hijo menor. Le dio toda su tierra y su dinero, porque había comprendido que aquel muchacho era suficientemente inteligente para hacer buen uso de esos bienes y se cuidaría sabiamente de sus hermanos.