Oración de la Mañana

28 de enero

El Pequeño Farolero  

En un pueblo humilde vivía Santi, un niño con un corazón lleno de esperanza. Siempre decía que tenía una misión especial: ayudar a los demás.  

Un día, encontró a Don Rubén, un anciano triste porque ya no podía trabajar en su taller. Santi lo ayudó a conseguir madera y pronto Don Rubén volvió a tallar figuras que alegraban a todos.  

Otro día, vio a Luisa, una niña que no podía correr y estaba triste. Santi le enseñó a pintar y ella llenó el pueblo de hermosos cuadros.  

Cada vez que alguien necesitaba ayuda, Santi estaba allí con palabras de aliento y una mano amiga.  

Cuando le preguntaron por qué lo hacía, respondió:  

—Porque el Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado a llevar buenas noticias y esperanza a los demás.  

Desde entonces, todos lo llamaron «El pequeño farolero», porque iluminaba la vida de quienes lo rodeaban. 

 

Reflexión: Ser luz para los demás  

¿Sabías que todos podemos ser como Santi, el pequeño farolero? En el cuento, Santi ayudaba a las personas de su pueblo con cosas pequeñas, pero que eran muy importantes: dar ánimo, compartir lo que tenía, o enseñar algo nuevo.  

Jesús nos enseña que debemos ser como una luz para los demás, ayudando a quienes están tristes, compartiendo con quienes tienen menos, o simplemente siendo amables y alegres. Aunque no seamos grandes o fuertes, nuestras acciones pueden hacer que alguien más se sienta mejor.  

Piensa en esto: ¿Hay alguien cerca de ti que necesite una sonrisa, un abrazo o una palabra amable? Tal vez algún amigo, vecino o alguien en tu familia. ¡Tú puedes ser esa luz que ilumine su día!  

Recuerda que cuando hacemos el bien, estamos siguiendo el ejemplo de Jesús. Él nos llena de su amor para que lo llevemos a los demás.