Oración de la Mañana

27 de febrero

Lectura del santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.  Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». 

PALABRA DEL SEÑOR  

 

REFLEXIÓN  

En el evangelio de hoy, Jesús sube al monte con tres de sus discípulos y allí se transfigura. Por un momento, ellos pueden ver quién es Jesús de verdad: el Hijo amado de Dios. La voz del Padre les dice: «Este es mi Hijo, escuchadlo». 

Los discípulos sienten miedo, pero Jesús se acerca, los toca y les dice: «Levantaos, no tengáis miedo».  

Jesús no nos deja solos cuando tenemos miedo; siempre se acerca para darnos fuerza. 

Después, Jesús baja del monte con ellos. Esto nos enseña que los momentos de oración nos ayudan, pero luego tenemos que vivir lo aprendido en la vida diaria: en casa, en el colegio, con los amigos.  

 

COMPROMISOS PARA HOY…  

Escuchar más y hablar menos. 

Afrontar el día sin miedo, confiando en Jesús. 

Tener un gesto de ayuda o respeto con alguien.