Oración de la Mañana

31 de enero

 

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-32

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraron con el niño Jesús sus padres para cumplir con lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: -«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Explicación

Simeón, un hombre piadoso que vivía en Jerusalén, fue visitado por el Espíritu Santo con la promesa de que no moriría sin antes ver al Mesías.

Guiado por el Espíritu, Simeón entró en el templo y contempló al niño Jesús en brazos de María. La comprensión le llegó de que este niño era el cumplimiento de la promesa de Dios, el Salvador esperado del mundo. Abrumado por la alegría y la gratitud, Simeón tomó a Jesús en sus brazos y alabó a Dios, declarando que ahora podía partir en paz, pues sus ojos habían visto la salvación de Dios.

Esta revelación a Simeón significa la naturaleza universal de la misión de Jesús, ya que Simeón lo reconoce como una luz para los gentiles y la gloria del pueblo de Dios, Israel. El encuentro con Simeón enfatiza la orquestación divina de la llegada de Jesús, afirmando su importancia no solo para el pueblo judío, sino para toda la humanidad.