Oración de la Mañana
16 de diciembre
Era una tarde fría de diciembre. Cuando la pareja entró en el pueblo empezaba a llover y se estaba haciendo de noche. La mujer estaba embarazada y parecía muy fatigada. Él se adelantó unos metros para buscar algún sitio donde poder descansar.
– ¡José, ya está aquí! – repitió – agachándose y agarrando su vientre.
El hombre se dirigió a la primera casa que había en la estrecha calle y llamó con urgencia; pero como nadie abría, empujó la puerta con fuerza, que no ofreció resistencia y pasaron a lo que parecía el pajar de la vivienda. María se tumbó en un hueco debajo de la escalera. Estaba muy dolorida y miraba a José temblando por el frío, y por el temor a que el parto fuera mal.
El futuro padre, sin saber bien qué hacer, iba de un lado hacia otro nervioso y preocupado, mientras una mula, tumbada a la entrada, observaba toda la escena. Antes de que pudiera darse cuenta, el llanto de un niño se escuchó en el silencio de la noche.
Un hombre y una mujer de mediana edad se acercaron hasta allí al escuchar al niño llorar.
– ¡Oh! ¿Estáis bien? – dijeron al ver a los dos jóvenes mirando al niño embelesados.
A los pocos minutos volvieron con ropa y pañales para vestir al niño. El recién nacido, que lloraba de frío, al sentirse abrigado y calentito, se calló y se quedó dormido. Pronto corrió el rumor de lo que había sucedido esa noche, y la gente del pueblo fue llegando al pajar para agasajar con regalos a los padres primerizos y dar la bienvenida al niño.
Les llevaron miel y sopas de pan con leche caliente para que se recompusieran. También un vestido para María y una manta para José. Todos les demostraban su cariño, mientras ellos sonreían muy agradecidos por tanta ayuda.
María empezó a susurrar al oído de su pequeño arrullándolo, mientras unos niños cantaban alegres villancicos en la puerta.
– ¿Cómo se llama tu bebé? – preguntó un pastorcillo a María.
- Jesús- respondió María, con cara de felicidad.
Alguien gritó entonces:
– ¡Dejad paso a los reyes!
Entonces se hizo el silencio y todos se pusieron a rezar. La historia se repetía una vez más; llegaba la Navidad.