Oración de la Mañana

11 de marzo

LA MUJER PERFECTA: Antes de ser exigentes con los demás hay que mirarse al espejo. 

Se cuenta que Nasrudín, un sabio que iba siempre a lomos de un borrico, llegó en una ocasión a un pueblo donde vivía un amigo de juventud que se alegró mucho de verle y le presentó a su familia. 

Tras servir al recién llegado una taza de té a la menta, de repente le preguntó: 

-Por cierto, cuando éramos dos chiquillos me decías que te casarías y que tendrías muchos hijos… ¿Cómo es que vas solo por el mundo montado en un burro? 

-Te lo explicaré… -dijo Nasrudín entornando los ojos con nostalgia-. De muy jovencito, decidí que iría en busca de la mujer perfecta. Para ello crucé el desierto hasta llegar a Damasco. Allí vivía una mujer muy bella y espiritual, pero le faltaban conocimientos. 

-¿Y qué hiciste entonces? –le preguntó su amigo muy interesado. 

-Seguí viajando hasta la ciudad de Isfahán. Allí conocía una mujer muy sabia en todas las ciencias y llena de bondad, pero no era guapa. 

Toda la familia del anfitrión seguía ahora el relato de la búsqueda de Nasrudín, que terminó diciendo: 

-No fue hasta entrar en El Cairo cuando encontré lo que tanto había anhelado. A través de unos conocidos pude cenar en casa de una dama que no solo era bellísima y piadosa, sino que además era un pozo de sabiduría, la joven más inteligente de toda la ciudad. 

-Entonces… ¿por qué no quisiste casarte con ella? 

-¡Claro que quise, querido amigo! Lo que pasó es que también ella quería un hombre perfecto. 

REFLEXIÓN 

Los antiguos griegos ya decían que el hombre más sabio es aquel que ha entendido que no sabe nada, porque gracias a eso querrá aprender. 

¿Quién puede ser perfecto en un mundo imperfecto? 

La imperfección tiene muchas ventajas, siempre que la entendamos como un camino, ya que nos permite… 

  • Tener humildad. 
  • Intentar ser hoy mejores de ayer. 
  • Ser comprensivos con los defectos de los demás. 
  • Darnos cuenta de que, muchas veces, es gracias a la imperfección que podamos conectar a fondo con las personas que nos rodean. 

        Aceptar la imperfección no significa no querer mejorar. Al contrario, es el inicio de un viaje que, con cada éxito, nos va a hacer más felices y orgullosos de nosotros mismos. 

        Y ojo con criticar a los demás, ya que ¡nadie es perfecto!