Oración de la Mañana

18 de marzo

EL CABALLO EN EL POZO: Cuando las adversidades se convierten en una escalera al éxito. 

Érase una vez un campesino muy pobre que tenía siempre problemas para ganar dinero para su familia. Era dueño de un campo de cultivo lleno de piedras y unos pocos caballos que le ayudaban a trabajarlo. 

Como las desgracias nunca vienen solas, una mañana descubrió que uno de sus caballos había caído en un pozo. Era tan profundo que parecía imposible rescatarlo. 

Aunque el animal no parecía haberse roto nada y solo relinchaba para que lo sacaran de allí, el campesino hizo cálculos y negó con la cabeza. Para rescatar al caballo haría falta una grúa, y el alquiler costaba mucho. Era más barato dejarlo ahí abajo. 

El campesino decidió, por lo tanto, sacrificar al animal. Sin ninguna compasión, empezó a arrojar con la pala tierra y piedras al fondo para enterrarlo, pero entonces sucedió algo inesperado. 

Cada vez que le caía tierra y grava, el caballo se la quitaba de encima y la pisoteaba. Así se iba acumulando en el fondo del pozo. De este modo, sin pretenderlo, el animal fue subiendo poco a poco hasta llegar a salir. 

La tierra que le había lanzado su amo para enterrarlo fue, gracias a su esfuerzo, lo que le sacó del pozo. 

REFLEXIÓN: 

El caballo del cuento convierte su desgracia –la tierra con la quieren enterrarlo- en la solución que le sacará fuera del pozo. 

Muchos geniso, cuando eran niños, trataron de ser enterrados por la envidia e incomprensión de sus profesores o por sus propios compañeros. 

Por ejemplo, un maestro dijo a Einstein que nunca llegaría a nada, e incluso Walt Disney, cuando trabajaba en una agencia de publicidad, fue despedido “por falta de imaginación”, según la nota escrita por su jefe. 

¿Te imaginas cómo se debieron de sentir al ver los posteriores logros de esos chicos? 

Como nuestro caballo, los dos genios demostraron a quienes no los apreciaban que eran capaces de llegar mucho más alto que ellos. 

Por eso, no te preocupes cuanto sientas que no te entienden o que no te valoran. En realidad, quien critica está hablando de sí mismo, aunque parezca que lo hace de los demás: quien critica, como dice el dicho, se confiesa.