Oración de la Mañana

25 de marzo

LOS GEMELOS OPUESTOS: Todo depende de cómo se mire. 

Un relato de autor desconocido cuenta que un hombre acaudalado tenía dos hijos gemelos de signo contrario. Desde el mismo día en que nacieron, eran tan diferentes que nadie podía creer que fueran hermanos. 

De ellos, uno era muy pesimista y siempre estaba triste, mientras que el otro era un oportunista incorregible y siempre se reía. 

A punto ya de cumplir dieciocho años, el padre quiso regalarles algo especial y su mejor amigo le aconsejó: 

-Deberías hacer un regalo que compense sus diferencias de ánimo. Al pesimista dale un obsequio impresionante y al optimista, algo que no valga para nada. 

Aunque era una idea un poco extravagante, el padre decidió seguir el consejo de su amigo. 

La mañana de su cumpleaños, pidió a sus dos hijos que salieran con él al jardín. Los gemelos se sorprendieron al ver dos bultos, cubiertos cada uno de ellos con una manta: uno era enorme y el otro pequeño. 

El pesimista retiró la manta de su regalo y descubrió una potente moto japonesa. Al verla, rompió a llorar. Su padre no entendía nada. 

-¡Me la regalas porque quieres que me mate! 

El optimista trató de consolar a su hermano, pero era inútil. Su padre le pidió entonces que levantara su manta para ver qué le había correspondido. Pensó que así el otro entendería cuán afortunado era. 

Al destapar su regalo debajo de la manta apareció un enorme excremento de caballo. El chico empezó a aplaudir muy feliz, dando saltos de entusiasmo. Gritaba tanto que los vecinos empezaron a asomarse a las ventanas, sorprendidos. 

El hermano pesimista, que aún estaba disgustado con su moto, le preguntó entonces de malas maneras: 

-¿Eres idiota o qué te pasa? ¿De qué te alegras? 

-Si aquí hay este excremento, es que mi caballo anda cerca. –contestó rebosante de felicidad. 

REFLEXIÓN: 

Buda decía que cuando vemos el mundo, lo teñimos con nuestra propia mirada. Por lo tanto, si lo miramos con tristeza, todo nos parecerá triste, mientras que, si lo hacemos desde la alegría, nunca nos faltarán motivos para sonreír. 

Los dos hermanos del cuento simbolizan dos actitudes extremas que puedes tomar ante la vida: verlo todo negro o encontrar en cada cosa un motivo de celebración. Es más, lo importante ya no solo es si miramos el vaso y lo vemos medio lleno o medio vacío. Lo importante es que tomemos la responsabilidad de llevar el vaso, es decir, que pase lo que pase pensemos qué podemos hacer para mejorar las circunstancias que vivimos y las de los seres a los que amamos.