Oración de la Mañana

19 de mayo

El grillo afónico, y el valor de la empatía 

En una extensa pradera vivía un grillo muy preocupado. Llevaba mucho tiempo afónico, a causa de un fuerte resfriado, y todos los remedios ensayados habían terminado en fracaso. 

La tristeza lo abrumaba, porque adoraba cantar y ahora no podía hacerlo, como el resto de sus amigos y vecinos, quienes le dieron de lado porque pensaron que ya no quería hacer su trabajo. 

—¡Qué desgraciado soy! ¡Mira que no poder cantar como todo el mundo! —se lamentaba el grillo, un día sí y otro también. 

Un primo suyo, enterado del sufrimiento del grillo afónico y comprendiendo sus sentimientos, vino a visitarlo para escucharlo y darle ánimos. 

—Tu afonía no es un problema grave —le dijo con gesto tranquilizador. Mira, yo formo parte de una orquesta en la que todos somos muy amigos. En este momento nos hace falta un trompetista y, como ahora no puedes cantar, pues he pensado en ti. ¿Qué dices? 

—¡Oh, gracias! — le contestó el grillo —¡Siempre me ha gustado tocar la trompeta! ¡Sí, entraré en vuestra orquesta! 

Desde aquel día, la orquesta fue la más famosa de toda la pradera y, aunque grillo siguió sin poder cantar, fue nombrado el mejor trompetista del campo. 

 

Esta historia anónima nos presenta el valor de la empatía. Esta cualidad significa ponerse en lugar de los demás e intentar sentir lo que el otro siente y comprenderlo. Siempre debemos respetar al otro y no juzgar lo que dice o hace.