Oración de la Mañana

12 de enero

Lectura del santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: «Éste es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?» Ellos le contestaron: «¿Dónde vives, Rabí?» (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: «Vengan a ver».

Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás» (que significa Pedro, es decir ‘roca’).

Reflexión

Todos somos llamados y mirados. Llamar y mirar tienen que ser un acto de amor. Los discípulos respondieron con un sí a la invitación del Maestro: “fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día…”

¿Escucho o sólo me escucho? Si solo me escucho, no oigo cuando me llaman, ni llamo, porque estoy cerrado en mí mismo.  ¡Qué triste…!

¿Qué me preocupa más las apariencias o la sinceridad y coherencia de mi mismo y de mis actos? Es importante ser conscientes de lo que hacemos y no hacemos.

Caminar tras las huellas de Jesús. Vivir como él vivió que no es repetir lo que hizo, el cómo lo hizo. Vivir como el vivió, ser movidos por los mismos sentimientos. ¿Cuál es el motor de mi vida…?