Oración de la Mañana

20 de enero

El abrazo que sana

Perdonar no es olvidar lo que pasó, sino elegir no encadenarse al dolor. Es mirar al otro con los ojos de Cristo, que en la cruz no condenó, sino que amó hasta el final. Aceptar al prójimo no significa aprobar sus errores, sino reconocer que todos somos barro en manos del mismo Alfarero. 

Cada persona que nos hiere es también alguien que sufre. Y cada herida que perdonamos es una grieta por donde entra la luz de Dios. El perdón no cambia el pasado, pero transforma el corazón. Y la aceptación no borra las diferencias, pero construye puentes donde antes había muros. 

Porque cuando elegimos amar como Jesús, la misericordia se vuelve nuestra mayor fuerza. 

 

Padre nuestro…