Oración de la Mañana
3 de febrero
Raíces que sostienen
Nuestros padres son los primeros reflejos del amor de Dios en la tierra. Nos dieron la vida, pero también nos enseñaron a vivirla.
Amarles no es solo sentir afecto, sino reconocer su entrega silenciosa, su sacrificio diario, su oración constante por nuestro bien.
Obedecerles no es perder libertad, sino aprender sabiduría. Es confiar en que sus consejos nacen del amor, y que su corrección busca nuestra plenitud. Jesús, siendo Dios, obedeció a María y José. En ese gesto, nos mostró que la verdadera grandeza comienza en la humildad del hogar.
Porque cuando honramos a nuestros padres, honramos al Padre que nos dio a través de ellos el regalo de existir.