Oración de la Mañana

6 de febrero

Buena suerte o mala suerte

Esta es la historia de un padre y un hijo que viven en el campo y que se dedican a cuidar y domar caballos. El hijo es joven e impulsivo, el padre es viejo y sabio. 

Padre: ve con estos animales al campo y déjales comer en los pastos y beber en el río, y al atardecer vuelves… 

Hijo: Papá ¡qué mala suerte tengo! se me han escapado en el campo varios caballos 

Padre: Tranquilo, no te preocupes !mala suerte o buena suerte no lo sabemos! confía en Dios 

Al cabo de unos días, los caballos perdidos vuelven acompañados de varios caballos más… 

Hijo: Papá, ¡qué buena suerte! Los caballos perdidos se han traído con ellos a varios más, ya somos ricos… 

Padre: Tranquilo, ¡buena suerte o mala suerte no lo sabemos! Dios sabrá…Confía en Dios… 

Al aumentar el número de bestias en el patio y tener el mismo espacio, las bestias estaban más apretujadas, y el hijo al ir a echarles agua recibe una patada y se parte una pierna. 

Hijo: Papá ¡qué mala suerte tengo! Ahora que todo nos iba bien me rompo la pierna… 

Padre: Tranquilo hijo ¡mala suerte o buena suerte, no lo sabemos! Dios sabrá…confía en Dios… 

Al cabo de unos días, el rey manda a llamar a todos los jóvenes a filas, ya que el país acaba de entrar en guerra con sus vecinos, pero al hijo no lo llevan porque tenía la pierna rota. 

Hijo: Papá ¡qué buena suerte, no me han llevado a la guerra! 

Padre: Tranquilo hijo mío ¡buena suerte o mala suerte!, no lo sabemos, Dios lo dirá, confía en Dios. 

Este cuento nunca termina, porque es el cuento de las cosas que nos pasan cada día, en la que tenemos que aprender a mirar los acontecimientos desde la tranquilidad y la confianza en que Dios nunca nos deja solos, sino que está siempre con nosotros en la vida de cada día. 

REFLEXIÓN: 

Como habéis podido escuchar, muchas veces cometemos el error de querer entender las cosas que nos pasan con los ojos de lo inmediato y no con la sabiduría de Dios… y nos podemos estar equivocando, porque como hemos visto en el cuento, lo que en un principio nos puede parecer malo, a medio plazo puede ser lo mejor que nos ha pasado… 

La clave está en confiar en que Dios está siempre en nuestra vida, y con él a nuestro lado no cabe la desesperación sino la confianza. Esta es una lección que no se nos puede olvidar nunca, sobre todo cuando las cosas no nos van como nosotros pensamos. 

Dios no nos deja nunca solos, no nos deja que nos hundamos, siempre sale a nuestro encuentro. ¿Cómo me voy a dejar encontrar con Dios?