Oración de la Mañana

13 de marzo

Lectura del santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. 
Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:  «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». 
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». 
Unos decían: «El mismo». 
Otros decían: «No es él, pero se le parece». 
El respondía: «Soy yo». 
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. 
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». 
Algunos de Los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». 
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. 
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. 

PALABRA DEL SEÑOR 

PARA LA REFLEXIÓN…  

En el Evangelio de hoy vemos a un hombre que nació ciego y que se encuentra con Jesús. Jesús no solo le devuelve la vista, sino que le cambia la vida entera. Poco a poco, ese hombre va descubriendo quién es Jesús: primero alguien que lo ayuda, luego un profeta y, al final, el Señor en quien cree de verdad. 

Mientras tanto, los fariseos, que se creían muy religiosos, no quieren aceptar lo que ha pasado. Están tan preocupados por cumplir normas que no son capaces de alegrarse por el bien que Jesús ha hecho. Ellos creen que ven, pero en realidad están ciegos por dentro. 

Este Evangelio nos recuerda que Jesús es la luz que nos ayuda a ver mejor: a ver a las personas, a ver el bien, a ver lo que de verdad importa. Cuando dejamos que Jesús entre en nuestra vida, nos ayuda a salir de nuestras cegueras: el egoísmo, los prejuicios, la indiferencia o el miedo a decir lo que creemos. 

Creer en Jesús no es solo saber cosas de Él, sino confiar, dejarse cambiar y vivir con más luz y amor. 

PENSAMOS…  

  • ¿Hay algo en mi vida que no me deja ver con claridad lo que está bien? 
  • ¿Escucho a Jesús cuando me invita a cambiar o a mirar a los demás de otra manera? 
  • ¿Me alegro del bien que les pasa a los demás, o a veces juzgo como los fariseos? 
  • ¿Qué significa para mí decir hoy: “Creo, Señor”?