Oración de la Mañana

22 de abril

Lectura del santo evangelio según san Juan

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.  A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor

REFLEXIONAMOS.

El Papa Juan Pablo II proclamó la “Fiesta de la Divina Misericordia” el 30 de abril de 2000, que se celebraría todos los años el primer domingo después de Pascua. Este año la fecha de esta fiesta es el domingo 24 de abril de 2022.

Jesús está presente en nuestra vida. A veces nos puede ocurrir como a Tomás, que estemos siempre distraídos, ocupados en mil y una tareas, yendo a lo nuestro; puede que nunca estemos dispuestos a escuchar, a dialogar y sentir a Jesús que sale a nuestro encuentro.

Abramos los ojos, no vaya a ser que Jesús esté saliendo a nuestro encuentro y nosotros nunca estemos disponibles porque tenemos el corazón en otras cosas. Jesús nos sigue ofreciendo su paz para restaurarnos desde dentro, su perdón para sanar nuestras heridas, su fortaleza para caminar con paso firme, su Espíritu para no sentirnos nunca solos, ¿estamos dispuestos a acogerlo?, ¿estamos dispuestos a sentir el amor y la misericordia de Jesús en nuestras vidas? Podemos intentarlo, merece la pena.

Rezamos juntos… padrenuestro…